OCTÁMBULOS

“Octámbulos” es un libro colectivo en el que me encuentro convocado y la generosidad de sus autores imprime honor a mis palabras. Deseo arriesgar, más que aseveraciones, un croquis de estados de ánimo, unos itinerarios existenciales que resuenan como aire de familia. Si, porque la escritura expandida a diferentes formatos y por múltiples medios, hoy se parece más a un tejido de sombras y destellos; voces que cantan, se elevan y de pronto narran intentando enlazar redes; un ritmo que es forma y a veces solo mirada, fragmentación, espacio disgregado; textos que tan pronto insinúan el grito remuerden el silencio. Nada le es ajeno a la escritura creativa y de eso da cuenta el verso libre, la narración, el ensayo de imágenes. “Octámbulos” suena a noctámbulos, a una banda de ocho conspiradores de la lengua, guiados por un forajido que le gusta andar con “compañías limitadas” y que los pone a buen recaudo de la escritura nocturna, pues en sus sombras se vampiriza lo que hay en la casa y sus laberintos, los familiares y amigos, la ciudad y su incertidumbre, el campo y su paisaje todavía enérgico, la propia subjetividad alimentada con la infancia, la soledad y la tecnología móvil. Todo se les vuelve taller donde destilan el silencio que les conviene y conmueve. [...]

Vinicio Montenegro Rivera, desde la frontera de otro río, el Carchi, dibuja un extrañamiento de pantalla digital, ni tan lejos ni tan cerca, pues “toca convivir con sistemas operativos”; voces, cuerpos y situaciones cotidianas tan preocupantes como risibles lo invaden y su voz es una mediación irónica, voyerista, a veces fantasmática, por eso se fragmenta y aunque cree que no “sabe cómo decirlo”, las historias de la comunidad, “quien quiera que las perciba”, son exploradas y dichas para brindar con limonada.

Julio César Goyes Narváez

Escobillón rojo del colibrí

Bogotá, junio 19 de 2022